
Hoy mi hermanito ha dicho que no volverá a la escuela. Claro, después de tres días seguidos de faltar con la excusa de que le dolía la barriga, que tenía calambres y que estaba mareado al punto del vómito, mi madre le preguntó la razón por tan grave decisión que él afirma ha tomado. Pero es inútil el interrogatorio si no quiere contestar.
Mis papás se han encerrado en el cuarto y me he puesto detrás de la puerta para escuchar lo que dicen:
-De seguro algún chamaco de la escuela lo está molestando, ese Jacinto Cauich cada que ve a mi pobre hijo no deja de estarlo fregando.
Mi papá se enfurece y exclama- ¡Voy a hablar con la maestra y con los papás de ese tal Jacinto y me dejo de llamar Rosendo Can si no los pongo en su lugar!
Mi madre pensativa sigue sacando sus propias conclusiones: -A lo mejor es la maestra Hipólita quien lo maltrata. Dice mi comadre que suele pellizcar a los chamacos y los hinca bajo los rayos del Sol si no hacen la tarea.
Siempre pensé que tuvo mala suerte mi pobre hijo que le tocara esa maestra. Ya la deben jubilar, si no tiene vocación para qué fue maestra. El colmo, bien que les pega a las criaturas pero, a la hora del recreo bien que saca sus charritos para venderle a los chamacos y hacer su «negocio» propio. Pareciera que la SEK no les pagara bien-.
-Pero mejor voy a contarle a mi comadre de este asunto, a lo mejor sabe ella algo de lo que no estamos enterado.
Se ha armado un chismerío en torno a quién es el culpable de que mi hermanito no quiera volver a clase.
Doña Juana dice: -No es por hablar de más, pero estoy segura es culpa de la maestra Hipólita. Siempre está con su cara de amargada, creo que ni se casó, y como no son sus hijos, bien que les da su reglazo a los chamacos cuando desobedecen. Ah, pero cuando es Carnaval bien que hace que tengamos que comprar votos para los reyes del Carnaval porque dicen que le dan su buena tajada por vender más.
Hay que decirle sus verdades y hablar con el director.
Todas las vecinas vuelven a su casa esperando impacientes el siguiente día para armar el borlote. Pero algo sucede: el conserje de la escuela mandó a llamar a mi mamá y le dijo- Doña Cisca, de parte de la maestra Hipólita que vaya a hablar con ella pues hay un motivo por el que su hijo no ha querido asistir a clases.
Mi mamá asombrada regresa otro recado diciendo que iría a las 7:00 del otro día.
Son las 8:00 de la mañana y mi mamá ha regresado de la escuela cargando una bolsa de plástico y, junto a ella camina el muchacho más guapo de la colonia jalando a su hermanito chilla y pega como sirena de ambulancia.
Las vecinas se arremolinan en el chismerío y preguntan por qué tanto llanto y chillidos de Juanito Dzib. A lo que su hermano contesta apenado: – Es que Juanito le robó sus libros a chan Ciril porque la SEK no mandó la dotación completa de libros de primero y a Juanito no lo tocó tenerlos. Por su desesperación robó los libros de chan Ciril y al descubrirlo se los devolvimos a la maestra Hipólita. Por ese motivo Ciril no quería regresar a clases pues no tenía sus libros y temía decirles a sus papás que los había perdido.
Se aclaró el misterio del por qué mi hermanito no quería ir a la escuela y al final mi mamá solo comentó: Siempre he dicho que la maestra Hipólita es una gran mujer, miren que consiguió que mi niño recuperara sus libros. Así deberían ser todos los maestros ¡Mejor maestra no le habría tocado a mi nené!
Por Linda Canto





















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