Por una biblioteca digna para nuestros hijos e hijas

Más, menos, una decena de madres de familia voluntarias rehabilitando una biblioteca escolar, ellas han limpiado, sacudido, cargado, raspado metal oxidado, raspado paredes, han resanado paredes, planean impermeabilizar, arreglar lámparas, mandar a componer ventiladores, darle mantenimiento al aire acondicionado, pintar, decorar. Se han lastimado, astillado, empanizado en raspadura, además de soportar el calor. Han boteado, han pedido donación de productos de limpieza y para pintar, andan armando una tómbola y varias ventas, todo para continuar.
Ya pintada la biblioteca comenzará la búsqueda de tesoros nuevos: libreros, cojines, almohadones, tapetes, juegos de mesa, mesas plegables, papelería y ¿Por qué no? Más libros: todo nuevo, todo justo para reiniciar otra forma de educar, desde la comunidad, que lo que pase al interior sea comunal y que la biblioteca sea el punto de partida, que ahí se dan estás transformaciones. Entre ellas hay madres con hijas e hijos en sexto grado, aún más convencidas de qué ésta será la mejor despedida. En otro extremo entre calor, polvo y convicción hay un bebé gestándose, en el cuerpo de una de ellas hay un futuro usuario de esa biblioteca y eso las ha animado más, un bebecito anda ya en estás andanzas de libros, lecturas y bibliotecas.
Ellas quieren dejar una biblioteca totalmente nueva, una biblioteca digna y atractiva para que las y los niños de esta escuela vayan y lean la maravillosa donación de 300 libros que les dieron IBBY México y Fundación Alberto Bailllères, libros de grandiosa calidad literaria y artística. Ellas vieron cómo abríamos las cajas y las sonrisas no han parado desde ese día, su manera de dar las gracias por esas 300 historias es este enorme proyecto… ¡Ah! Pero olvidaba algo importante, ellas además son un grupo de lectura en voz alta, voluntarias y que no han parado de leer a las y los niños cada semana. Ellas se organizan y aún las colegas de nuevo ingreso saben que su modo de ayudar a las mamás que están desde el principio en el proyecto es haciendo a un lado sus miedos y leer historias cada semana, aún muertas de nervios, pero esa es la manera en que ayudan para que «las lectoras en voz alta ya formadas» se enfoquen en la biblioteca.

Acompañarlas estos días ha sido una experiencia inexplicable, totalmente nueva y nutritiva, suena a cliché, pero, aprendo más de lo que yo puedo compartirles, yo solo sé leer historias relativamente bien y ellas me enseñan a hacer historia, a ser humana. Desde hace 8 meses nunca hablan de sus hijos en particular sino en singular, jamás dicen mi/para/con/ mi/mis hijo(s) o hija(a), siempre usan el plural: las niñas, los niños. En todo proyecto, en todo evento, en toda lectura siempre la meta es: las y los niños. Ahí están sus hijos inmersos en esa idea, en ese plural está todo ese amor, toda esa voluntad.





















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